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30 de julio de 2025Alejandra, la migrante venezolana asesinada junto a su hijo Samuel, en Algemesí (Valencia), el pasado 25 de junio, «murió por amor».
Según el relato de los familiares, Alejandra había conocido a Leonardo, su asesino, hace siete años, en Colombia, donde la joven venezolana había migrado.
Juntos, Alejandra y Leonardo migraron a España, donde tuvieron un hijo, Samuel, asesinado por su padre un mes antes de cumplir los tres años.
Aunque Leonardo era celoso y violento y maltrataba física y psicológicamente a Alejandra, esta no lo denunció. Pensaba que si lo hacía, Leonardo perdería la documentación (“los papeles”) y no quería hacerle daño. Además, le había dado otra oportunidad porque creía que él aún podía cambiar.
Alejandra prefirió el bienestar de su pareja al suyo propio, no lo denunció y este acabó asesinándola. Porque hay amores que matan.
Mitos del amor romántico
De acuerdo con una investigación publicada por el Instituto de la Mujer y la Universitat de les Illes Balears (2007), uno de los factores que pueden contribuir a favorecer y mantener la violencia de género en la pareja es el ideal de amor romántico presente en nuestra cultura y los mitos asociados.
Los celos de Leonardo, el asesino de la migrante venezolana y su hijo, forman parte de uno de los mitos que rodean al amor romántico:
Mito 1
«Los celos son un ingrediente esencial del verdadero amor».
La manipulación emocional y el afán de control propios del comportamiento de la persona celosa son vistos «como una muestra de amor» y la víctima de tales conductas pasa a ser la culpable de su propia situación de dominación y maltrato.
Mito 2
«Todos tenemos una media naranja».
La falsa creencia de que existe una persona predestinada con la que encajaremos a la perfección en la relación amorosa, puede servir como facilitador de una tolerancia excesiva hacia comportamientos que de otra manera serían inaceptables.
Mito 3
«Vivir en pareja (hombre/mujer) es algo natural y universal».
La idea de que la monogamia heterosexual es una costumbre presente en todas las épocas y culturas, refuerza la tendencia a soportar «lo que sea» por mantener la relación amorosa, puesto que acabarla sería «un fracaso».
Mito 4
«El amor lo puede todo».
Creer que el amor es omnipotente alimenta la idea de que el sentimiento es capaz de imponerse a todos los obstáculos o de que los aspectos negativos, desagradables o inaceptables de nuestra pareja «cambiarán».
Mito 5
«El amor verdadero es para siempre».
Pensar que el enamoramiento (pasajero por definición) es un sentimiento que se mantiene inalterable a lo largo de la relación, obstaculiza el desarrollo de un amor maduro, compatible con la idea de que si una relación amorosa no es satisfactoria ponerle fin no es «fracasar», sino que es parte del amor.
Aunque hay otros mitos en torno al amor romántico, estos cinco mitos nos dan una idea del carácter irracional de muchas de las creencias en torno a las relaciones de pareja.
Es evidente que el amor romántico, por si solo, no es causa de la violencia de género, sino que existen una serie de factores personales, interpersonales, situacionales y sociales que explican el maltrato hacia las mujeres. El amor romántico vendría a ser un factor que facilita la violencia de género, en conjunción con otros factores.
¿Por qué el amor romántico facilita la violencia de género?
El amor romántico y los mitos alrededor están construidos desde una perspectiva que coloca a la mujer en una posición de desventaja frente al hombre. Para ellas, y no para ellos, el amor romántico implica, entre otras cosas:
- Entrega total al otro, haciendo de él lo único y fundamental de la existencia.
- Vivir experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento.
- Depender de la otra persona y adaptarse a ella, postergando las propias necesidades.
- Perdonar y justificar todo en nombre del amor.
- Consagrarse al bienestar de la otra persona, sacrificando los propios intereses.
- Estar todo el tiempo con y para la otra persona.
- Sentir que nada vale tanto como esa relación.
- Vivir sólo para el momento del encuentro amoroso, descuidando otras relaciones familiares o de amistad.
- Idealizar a la otra persona, no aceptando que pueda tener algún defecto y culpabilizándose cuando algo sale mal.
- Sentir que cualquier sacrificio es válido si se hace por amor.
- Tener anhelos de ayudar y apoyar a la otra persona sin esperar reciprocidad ni gratitud.
- Hacer todo junto a la otra persona, compartirlo todo, encerrándose en el vínculo amoroso.
Estas ideas en torno al amor romántico refuerzan el papel pasivo y de subordinación de la mujer, que asume el rol de cuidadora, mientras se otorga a la relación de pareja un valor sagrado por el que vale la pena sacrificarlo todo. Un romanticismo sin medida es un factor de vulnerabilidad para sufrir violencia de género.
Para las mujeres migrantes, además, la situación puede ser más compleja debido a que a la dependencia emocional propia del amor romántico se puede sumar la dependencia económica, social o legal. Para muchas migrantes su estatus legal puede estar unido a la permanencia en la relación, y pueden carecer del apoyo social necesario para escapar de una situación de maltrato.
El verdadero amor
Si te ves envuelta en un amor romántico en el que tus necesidades no son satisfechas, en el que los sacrificios no son recíprocos y en el que tu sometimiento es la regla, estás a tiempo de abrir los ojos. Porque el amor verdadero:
- No se mide por los celos, sino por la confianza.
- No te encierra, sino que hace tu mundo más amplio.
- No se mide por el sacrificio de una sola parte (la mujer), sino por los cuidados mutuos.
El verdadero amor es un sentimiento para vivir, nunca para morir.
Porque no eres la media naranja de nadie: eres la fruta entera.


