
Recursos en Castilla-La Mancha contra la Violencia de Género
2 de junio de 2025
Cuando el blanco del discurso de odio son las mujeres migrantes
20 de junio de 2025Uno de los mayores retos que tiene el trabajo en torno a la violencia de género es cómo hablar a los hombres para hacerlos parte de la lucha contra esta forma de violación de los derechos humanos.
Quizás sea una buena idea comenzar por allí, estableciendo con claridad los conceptos: cuando se habla de violencia de género nos referimos a una violencia específica que afecta potencialmente a la mitad de la población mundial: las mujeres.
Solo ellas sufren esclavitud sexual en forma de prostitución.
Solo a ellas se les fuerza, siendo niñas, a casarse con personas que les doblan o triplican la edad.
Solo a ellas se les corta la posibilidad de obtener placer sexual a través de la mutilación genital femenina.
Solo ellas reciben menos salario por un trabajo similar al de un hombre.
Solo ellas desaparecen de la escena en la medida que aumentan los niveles de poder.
Solo ellas aumentan en presencia en la medida en que crecen las actividades de cuidados.
Solo ellas tienen miedo de caminar solas de noche por la calle y que alguien las agreda sexualmente.
Solo ellas tienen miedo a que su pareja intente violarla mientras duermen por la noche.
Hombres a la defensiva
Muchos hombres se sienten atacados por los discursos que denuncian las distintas formas de opresión y de desigualdad que sufren las mujeres en todo el planeta. Percibir como un ataque el reclamo de derechos para la mitad de la población habla de la fragilidad de quien se siente atacado.
Para defenderse del supuesto ataque, existe una tendencia entre los hombres a identificarse con los mensajes de los partidos de ultraderecha, que niegan la existencia de una violencia específica contra las mujeres.
El argumento que esgrimen estos partidos (“la violencia es violencia, sea cual sea el sexo de la víctima y victimario») constituye una falacia que se rebate fácilmente con los datos.
Según el Informe sobre Violencia de Género 2024 del Consejo General del Poder Judicial, entre 2009 y 2024 los hombres fueron los agresores en casi 90% de los casos de violencia doméstica íntima con resultado de muerte. Es decir, que casi siempre la víctima es una mujer y el victimario, un hombre.
Otro bulo propagado desde los sectores de ultraderecha es que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas. Según este mismo informe del órgano de gobierno del Poder Judicial, en 2024 el porcentaje de sentencias condenatorias dictadas por los órganos judiciales en procesos relativos a violencia de género fue de 80,55 %.
Es decir, 8 de cada 10 hombres fueron hallados culpables. Eso no significa, además, que 20% eran “inocentes”, sino que en muchos casos existían indicios de maltrato, pero las pruebas eran insuficientes.
Si acudimos al contexto europeo, 98,1% de las mujeres víctimas de violencia física (incluyendo amenazas) y/o sexual en pareja, lo han sido por parte de un agresor hombre, según la Encuesta Europea de Violencia de Género 2022.
No todos los hombres son violentos, desde luego, pero casi siempre que hay un acto violento el agresor es un hombre.
Comprender a los hombres, no juzgarlos
Sin embargo, para desmontar los prejuicios sexistas, con su gran carga emocional, los datos no son suficientes. Para hablar con los hombres sobre violencia de género es necesario acercarse a la experiencia masculina con vocación de comprenderla, no de juzgarla.
Por suerte, cada vez es más evidente que en las sociedades occidentales hay una relajación de la idea de lo masculino, una apertura a la noción de que hay muchas formas de ser hombre. Por ejemplo, hace medio siglo era una rareza ver a un padre buscando a sus criaturas en el colegio y pasando con ellas la tarde en el parque. Ahora, es una práctica de lo más común.
Porque un hombre que cuida también es “un hombre de verdad”.
Desde esta perspectiva, vale la pena explorar con los hombres cómo les ha afectado a ellos mismos la construcción de su masculinidad como algo opuesto a lo supuestamente femenino. Unas cuantas buenas preguntas pueden agrietar las defensas masculinas:
- ¿Qué ocurría cuando eras un niño y llorabas? ¿Cuál es tu relación, de adulto, con la tristeza?
- Según el mandato del estereotipo de género para los chicos, ¿cómo viviste durante la adolescencia el tener que mostrarte siempre como alguien fuerte, dominante y decidido?
- Durante tu infancia y adolescencia, ¿sufriste violencia física en casa, a la salida del cole, en tu barrio? ¿Cómo te sentiste?
- Siendo adulto, ¿has sentido miedo alguna vez de que una mujer abuse sexualmente de ti? Cuando estás en un bar, ¿estás atento a que ninguna mujer eche alguna sustancia extraña en tu bebida para socavar tu voluntad y someterte?
- ¿Te han tocado el culo alguna vez en el transporte público?
- En una entrevista de trabajo, ¿te han preguntado si piensas tener hijos?
Cuestionar el rol, no a la persona
Para hablar con hombres sobre violencia de género conviene apelar a sus propias experiencias (no pensamientos) con las mujeres. ¿Has asistido alguna vez a un parto como acompañante? Si fuese posible, ¿cómo crees que te comportarías, como hombre, pariendo a un bebé? ¿Sabes que hay hombres que se desmayan mientras presencian el parto de sus mujeres? ¿Son las mujeres débiles?
Una conversación con hombres sobre violencia de género no debe cuestionar a la persona, sino al rol masculino que funciona como un guion para la acción.
Como hombre no pongo lavadoras. Como hombre tengo la última palabra. Como hombre soy quien se toma la siesta, mientras la mujer recoge la mesa y cuida a las criaturas. Como hombre mis prioridades van siempre por delante de las del resto de la familia. Como hombre no lloro, a menos que sea deportista…
Tomar conciencia de que la forma de experimentar la masculinidad es una construcción social puede ayudar a los hombres a cuestionar sus pensamientos, sentimientos y conductas hacia las mujeres.
¿Te gustaría, como hombre, mejorar tus relaciones interpersonales, evitando el uso de cualquier forma de violencia? ¿Quisieras mostrar tu vulnerabilidad sin miedo a que sea utilizada en tu contra? ¿Te gustaría aprender a expresar tus emociones y a regularlas sin hacerte daño a ti ni a los demás? ¿Crees que te vendría bien no embarcarte en actividades de riesgo o en adicciones para “sentir”? ¿Quisieras experimentar la satisfacción de tener relaciones basadas en el respeto y los cuidados mutuos?
Reconstruir la masculinidad es un camino arduo, pero más fértil que vivir en la trinchera del odio.


