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3 de mayo de 2025Casi 6 de cada 10 periodistas conoce a una colega víctima de ciberacoso como consecuencia directa de los temas que trata, según el informe El periodismo en la era MeToo, elaborado por Reporteros Sin Fronteras (RSF) tras entrevistar a profesionales de 110 países. Este dato ilustra una tendencia alarmante: la violencia de género se está convirtiendo en una herramienta de silenciamiento contra las periodistas en todo el mundo.
La libertad de prensa está en jaque en decenas de países, y su deterioro se extiende a casi todos los continentes. Para ellas, ejercer la profesión implica enfrentarse a “acoso sexual, agresiones e incluso el asesinato”, advierte la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) en su informe anual de 2024. “De los 128 periodistas asesinados durante el 2023 en el ejercicio de su deber de informar, 14 eran mujeres», señalan, lo que representa casi un 11%.
El ciberacoso en las redes sociales
“Las periodistas se enfrentan a una cantidad desproporcionada de acoso, amenazas y ataques físicos debido a su género. Las plataformas en línea se han convertido en caldo de cultivo para la misoginia y el abuso, y ellas, en particular las autónomas, son objeto de campañas específicas de incitación al odio”, añade el organismo español.
La persecución y acoso supone, en muchos casos, que la periodista tenga que abandonar su lugar de residencia. Esta ha sido la realidad de la nigeriana Kiki Mordi, víctima de ciberacoso en 2019 tras la publicación de una investigación sobre el acoso sexual en la educación superior en Nigeria y Ghana. En su caso, migró, pero decidió pausar sus actividades periodísticas.
Romper el silencio en contextos hostiles
Vania Pigeonutt, por su parte, sigue ejerciendo parcialmente desde Alemania, donde en 2015 ganó el premio de Periodismo Walter Reuter por su texto Los niños del opio: ¿Rallar amapola, un juego de niños? La mexicana lleva más de diez años cubriendo temas de derechos humanos, migración, género y corrupción, lo cual le ha llevado al exilio. «Navegué en la dificultad hasta que me quebré«, le dijo en una entrevista a Efeminista.
Cuando comenzó su carrera decidió que quería especializarse en crimen organizado y fue la primera mujer en adentrarse sola en los campos de amapola o adormidera —utilizado para la heroína y otros opiáceos—.
En 2021, siendo fixer, recibió amenazas, directas e indirectas. Después de un año muy duro, con el asesinato de varias fuentes periodísticas y algún compañero, Pigeonutt tomó la decisión de optar a la beca de refugio y descanso de RSF. En su momento, el elemento de género no le pareció relevante, pero con los años, se ha dado cuenta, le dice a Efeminista, de que sí que era importante. Era un “contexto de machismo y mucha condescendencia”, aseguró.
Más seguridad, pero también más soledad
Aunque en Alemania se siente más segura que en México, tener que dejar atrás su profesión le ha hecho sentirse emocionalmente más vulnerable. “La seguridad en México era mi trabajo. Mi primera definición es que soy periodista y acá [Alemania] no puedo enunciarme de esa manera.” Además, al escribir para un país con una lengua completamente diferente a la suya, el proceso es más lento porque tienen que traducir sus artículos y el medio cuenta con corresponsal in situ.
Los más afectados por la violencia ejercida contra los periodistas son mayoritariamente hombres —algo que también se explica por la masculinización del sector en algunos países—. Sin embargo, es evidente que ellas enfrentan una serie de violencias que están intrínsecamente relacionadas con el género, lo cual las lleva a tener que desplazarse dentro del territorio e incluso a salir del país y tener que apartar su carrera parcial o completamente.
Ellas arriesgan todo para que tú sepas la verdad. Defender su voz es defender tu derecho a estar informado. Debemos alzar la voz, ¡#NoMásViolencia porque sin ellas, no hay verdad!


