
¡Basta de discriminación racial!
21 de marzo de 2025
Matrimonios forzados en España: una realidad desconocida
14 de abril de 2025“La práctica deportiva es un derecho humano. Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo (…)” o al menos así lo afirma la Carta Olímpica (2012). Pero, ¿realmente se cumple este principio fundamental? El deporte es un derecho que excluye a las mujeres racializadas y este 6 de abril, día internacional, queremos ahondar en los motivos.
Poca presencia femenina en el deporte
La representación femenina es muy baja en la mayoría de los deportes federados, de acuerdo con los datos de SOS Racismo. Por ejemplo, las licencias de hombre suponen en 91,3% del total, frente al 8,6% de las de mujeres. En baloncesto, los varones representan el 66.4% frente al 33,5% de ellas, según datos del Informe Anual sobre el racismo en el Estado español. La discriminación racial en el ámbito deportivo, elaborado por SOS Racismo en 2024.
Esta infrarrepresentación se debe a la discriminación histórica a la cual son sujetas las mujeres en este —y todos— ámbito: falta de visibilidad, salarios bajos, pocos patrocinios, menos acceso a infraestructuras deportivas… Además, la maternidad afecta de forma innegable el acceso al deporte. En el ensayo Hacia la igualdad de género: el deporte de alto nivel en España, realizado en 2024 en la revista Panorama Social, se usa el caso de Ona Carbonell para ilustrarlo: “La conciliación [en el deporte] sigue siendo una asignatura pendiente”, le dijo a Marca la medallista olímpica.
Añadir la racialización a la mezcla
Si encontrar a mujeres que se dediquen profesionalmente al deporte es complicado, al añadirle la etiqueta de “racializada”, “migrada” o “extranjera” a la mezcla, los resultados son aún peores.
En este caso, ya no solo hablamos de roles de género, problemas de acceso al deporte o incluso las dificultades que puedan encontrar para federarse —que existen— debido a su estatus legal, sino de cuestiones que mezclan un sexismo sibilino con un racismo atroz. Los casos más sonados de discriminación racial son, por ejemplo, los múltiples ataques que han recibido los delanteros del Real Madrid Vinícius y Kylian Mbappé o a los hermanos Williams del Athletic Club. Sin embargo, aunque menos visible, las mujeres no blancas también padecen estas agresiones junto con insultos o actitudes machistas.
Este es el caso de la atleta gallega Ana Peleteiro, la tenista estadounidense Serena Williams o varias jugadoras de la Asociación Nacional de Baloncesto Femenino estadounidense, que se han visto sujetas ya no solo a insultos discriminatorios por raza sino también por orientación sexual. En este último, la entrenadora de las Connecticut Sun, Stephanie White, afirmó el pasado septiembre que han visto “mucho racismo, sexismo, homofobia, transfobia” en todo el país y “el deporte no es una excepción, lo cual es inaceptable”.
Racismo y machismo: la lucha de la mujer racializada en el deporte
A este tipo de discriminación se le suma el sexismo y machismo al que hacen frente todas las mujeres, independientemente de su color de piel. No obstante, la discriminación que sufren las mujeres racializadas es diferente. En el caso de mujeres como Williams —con un cuerpo más musculoso, grande y de piel oscura— son víctimas del tópico “angry black woman” (la mujer negra enfadada en español), donde se las califica de agresivas, asalvajadas y hasta peligrosas. Algo similar ocurre con aquellas más andróginas. Este es el caso de la doble campeona olímpica de los 800 metros lisos, Caster Semenya, quien tuvo que someterse a “tests de feminidad” para poder competir.
Por otro lado, utilizando a Peleteiro como ejemplo, aquellas que lucen un color diferente al del imaginario colectivo, ven la lealtad al país puesto en duda. Esto, de una forma u otra, indica que no se las percibe como españolas de la misma forma que lo puede ser una mujer blanca. “Algunos tuiteros han llegado a acusarla de tapar el nombre de España de su camiseta durante los Juegos Olímpicos de París con el dorsal, algo que se suma a los ya habituales insultos racistas”, informaba el diario Público en una noticia del año pasado.
María Vicente, destacada heptatleta, enfatizó, durante las jornadas celebradas por el Consejo Superior de Deportes (CSD) durante el Día Internacional de la Mujer, la necesidad de un cambio estructural que garantice igualdad de oportunidades. “Nos piden el doble para recibir la mitad. La visibilidad y la inversión en el deporte femenino son esenciales para cambiar esta realidad”.
Normalización e infradenuncia
Del informe de SOS Racismo se puede concluir que se han normalizado el racismo y la violencia hacia la mujer en el deporte. Por lo tanto, no es sorprendente, aunque sí preocupante, que un 46,6% de personas admita no hacer nada ante agresiones de este tipo. Por eso, queremos aprovechar para recordar que, de acuerdo con Naciones Unidas y la Agenda 2030:
«El deporte contribuye a hacer realidad el desarrollo y la paz, promoviendo la tolerancia y el respeto. Respalda el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes, las personas y las comunidades, así como los objetivos en materia de salud, educación e inclusión social”.


