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21 de enero de 2026Las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de protección internacional experimentan una alta carga de problemas de salud mental debido a traumas y eventos estresantes pasados y presentes.
Dentro de este colectivo, las mujeres son particularmente vulnerables a los trastornos o enfermedades mentales debido a diversos factores, como las influencias socioculturales, la violencia, el estrés, la pobreza, los conflictos, la migración y la desigualdad social.
Una brecha en salud mental
La brecha en salud mental para mujeres migrantes y refugiadas se refiere a la combinación de una carga muchísimo más alta de trastornos mentales y, al mismo tiempo, un acceso mucho más bajo, tardío y poco adecuado a los servicios de apoyo y tratamiento, como comprobó un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) con mujeres refugiadas en el Mediterráneo.
Diversas investigaciones coinciden en señalar prevalencias muy elevadas de síntomas de depresión, ansiedad y Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) entre mujeres refugiadas, claramente superiores tanto a la población general del país de acogida como a hombres migrantes o refugiados.
La exposición acumulada a violencia de género (antes, durante y después de la migración), desplazamiento forzado, pérdidas múltiples y precariedad explica en buena medida estas tasas tan altas de problemas de salud mental.
Violencia acumulada y trauma
La violencia sexual, las agresiones en la pareja y la violencia relacionada con el conflicto son factores clave de riesgo para depresión, ansiedad y TEPT en mujeres migrantes y refugiadas.
El impacto es acumulativo: la violencia previa al conflicto, durante la huida y en el país de acogida se suma a otros estresores propios de la condición de persona migrante o refugiada, generando cuadros complejos y de larga evolución.
Incluso cuando la violencia ocurrió varios años atrás, se observan efectos persistentes en el funcionamiento emocional, cognitivo y relacional, lo que aumenta la necesidad de apoyos de larga duración.
Sin embargo, las mujeres refugiadas se enfrentan a barreras que les dificultan el acceso al tratamiento psicológico y al apoyo que tanto necesitan.
Barreras que enfrentan las mujeres refugiadas
Las barreras más comunes que enfrentan las mujeres refugiadas para acceder a la atención psicológica son:
- Falta de fluidez en el idioma del país de acogida.
- Desconocimiento del sistema sanitario y de los recursos de servicios sociales.
- Horarios rígidos.
- Costes indirectos.
- Miedo a la deportación.
- Experiencias de racismo y discriminación.
El estigma hacia la salud mental, ciertas creencias religiosas y culturales, así como servicios públicos de atención psicológica escasos y poco sensibles al género o a las diferencias culturales, provocan que muchas mujeres no pidan ayuda para sus problemas de salud mental o abandonen pronto el tratamiento.
Muchos sistemas de salud y programas para personas refugiadas no consideran necesidades específicas de las mujeres como, por ejemplo, violencia sexual, cuidados de hijos, seguridad en los espacios de atención, etc.
Los estudios advierten sobre la carencia de recursos culturalmente adaptados, escasez de profesionales formados en trauma y género, y poca o nula inclusión de las propias mujeres refugiadas en el diseño de los programas y servicios de atención.
¿Cómo reducir la brecha en salud mental?
Para reducir la brecha en salud mental que sufren las mujeres migrantes, los estudios recomiendan abordajes específicos de trauma y género, una atención interdisciplinar, garantizar la seguridad frente al agresor, apoyo social y legal.
La detección sistemática de violencia de género en dispositivos de salud y refugio, junto a servicios culturalmente adaptados y con intérpretes formados, se considera clave para reducir el impacto en salud mental.
Intervenciones sensibles al género y a la cultura (incluyendo apoyo en violencia de género, intérpretes formados y formatos grupales) mejoran el acceso y la efectividad.
En entidades del Tercer Sector como ONG Rescate, Accem y CEAR existen programas específicos y profesionales especialistas para brindar apoyo psicológico a personas refugiadas.
Por último, abordar los determinantes sociales (documentación, vivienda, ingresos, redes de apoyo) y reforzar la atención primaria con formación en salud mental de personas refugiadas se considera esencial para cerrar la brecha.


