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6 de abril de 2025El 21 de marzo de 1960, en la ciudad sudafricana de Sharpeville, la historia de la discriminación racial tuvo uno de sus episodios más trágicos y vergonzosos.
Agentes de la policía al servicio del apartheid abrieron fuego contra un grupo de personas negras que protestaban de manera pacífica en contra del sistema de segregación racial, asesinando a 69 manifestantes e hiriendo a más de un centenar. Entre las víctimas había mujeres y niños.
La masacre de Sharpeville causó una oleada mundial de indignación y rechazo en contra de la discriminación racial que una minoría blanca aplicaba en Sudáfrica, lo que cinco años más tarde llevó a la Asamblea General de la ONU a aprobar la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.
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Esta Convención, en su Artículo 1, define a la discriminación racial como:
“(…) toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”.
A partir de entonces, cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial.
Las razas no existen; la discriminación racial, sí
El racismo contemporáneo, sin duda, hunde sus raíces en el pasado colonial y la trata de esclavos, como reconoció en 2001 la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Durban (Sudáfrica).
Según la Declaración de Durban, tanto la esclavitud como el colonialismo “tragedias atroces en la historia de la humanidad” se cuentan entre los factores que contribuyen a las desigualdades sociales y económicas que persisten en la actualidad en muchos lugares del planeta.
Aunque cuando se celebró la Conferencia de Durban (2001) mucho se había avanzado en materia de discriminación racial y el apartheid era ya historia, otros fenómenos como la irrupción de Internet y el incremento de los discursos del odio contra las personas migrantes, negras o minorías étnicas provocaron que en la Declaración se sostuviera:
“Toda doctrina de superioridad racial es científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa y debe rechazarse, junto con las teorías que tratan de determinar la existencia de razas humanas separadas”.
Esta afirmación se hacía eco de lo que disciplinas científicas como la biología y la antropología vienen sosteniendo desde finales del siglo pasado: el intercambio incesante de material genético ha mantenido a toda la humanidad como una sola especie; la idea de raza es una falacia biológica, científica y cultural, utilizada como un mecanismo social para justificar la discriminación, la explotación y, en el más extremo de los casos, el exterminio de grupos humanos “diferentes”.
Raza tienen los animales domésticos, no los seres humanos.
«No soy racista, pero…»
Una de las formas más extendidas que adopta el racismo es la xenofobia, es decir, la fobia o el desprecio hacia las personas extranjeras. Como reconoce la Declaración de Durban:
“(…) la xenofobia contra los no nacionales, en particular los migrantes, los refugiados y los solicitantes de asilo, constituye una de las principales fuentes del racismo contemporáneo, y que las violaciones de los derechos humanos cometidas contra los miembros de esos grupos se producen ampliamente en el contexto de prácticas discriminatorias, xenófobas y racistas”.
La discriminación racial puede producirse por diversas razones, entre otras, por el color de la piel, el origen étnico, la descendencia o nacionalidad, el idioma, la religión, etc., aunque algunas personas destacan el papel central que tiene en el racismo la aporofobia (la fobia a la pobreza).
En este sentido, no es igual el trato que recibe en ciudades como Madrid o Barcelona una persona negra y pobre, procedente del África subsahariana, a una persona con el mismo color de piel, pero que sea un turista rico de Reino Unido o de Estados Unidos.
Es ampliamente aceptado en el ámbito académico que una distribución no equitativa de la riqueza, la marginación y la exclusión social son situaciones que agravan la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia.
Combate la discriminación racial
Si las redes sociales son espacios que se utilizan para propagar discursos racistas, también son escenarios en los que es posible difundir mensajes de igualdad, tolerancia, solidaridad, justicia social, dignidad, pluralismo y respeto a los Derechos Humanos.
- No te hagas eco de campañas de odio que estigmaticen a las personas por su color de piel, origen étnico, nacionalidad, procedencia, idioma, religión, situación económica, etc.
- Infórmate sobre cómo el pasado colonial y la esclavitud pueden seguir afectando en el presente a los africanos, afrodescendientes y a los pueblos indígenas.
- Reflexiona sobre cómo todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y están dotados de la posibilidad de contribuir constructivamente al desarrollo y bienestar de las sociedades en las que viven.
- Acepta que la diversidad cultural es un característica valiosa de la humanidad y una fuente potencial de riqueza material y cultural.
- Rechaza las afirmaciones generalistas, tendenciosas y sesgadas que criminalizan a grupos humanos diversos como las personas migrantes y refugiadas.
Como afirma la Declaración de Durban: «Ningún país puede afirmar que está libre de racismo”.
Ninguna persona, tampoco.


