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18 de febrero de 2026La violencia de género es una de las violaciones de derechos humanos más extendidas y, al mismo tiempo, más silenciadas en el mundo. Afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas, pero también impacta a hombres, niños y personas con identidades de género diversas. En contextos de crisis humanitaria, desplazamiento forzado o migración, los riesgos se intensifican. Por ello, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desarrolló una política específica para la prevención, mitigación de riesgos y respuesta a la violencia de género, que ofrece aprendizajes valiosos aplicables más allá del ámbito humanitario.
La violencia de género: un problema estructural
Uno de los principales aprendizajes de la política del ACNUR es que la violencia de género no es un hecho aislado ni inevitable. Se trata de una manifestación de desigualdades estructurales de poder y normas sociales discriminatorias que atraviesan todas las sociedades. Por ello, no basta con reaccionar cuando la violencia ocurre: es imprescindible prevenirla, abordando sus causas profundas.
ACNUR define la violencia de género como cualquier acto dañino basado en el género que cause sufrimiento físico, sexual, psicológico o económico, ya sea en el ámbito público o privado. Reconocer esta amplitud es clave para entender que la violencia no se limita a las agresiones físicas, sino que incluye prácticas como el matrimonio forzado, la violencia psicológica, la explotación sexual o la privación de recursos.
Prevenir: transformar normas y comportamientos
La prevención ocupa un lugar central en el enfoque de ACNUR. Prevenir la violencia de género implica cuestionar y transformar las normas sociales que la perpetúan. Esto incluye trabajar por la igualdad de género, combatir la discriminación y promover relaciones basadas en el respeto y la equidad.
Un aprendizaje fundamental es que la prevención debe involucrar a toda la comunidad. Hombres y niños tienen un rol clave en el cambio de actitudes y comportamientos, así como en la construcción de entornos más seguros. Al mismo tiempo, el empoderamiento de mujeres y niñas es esencial para reducir su exposición a la violencia y fortalecer su capacidad de decisión.
Mitigar riesgos: la responsabilidad es colectiva
Otro aporte clave de la política de ACNUR es el concepto de mitigación de riesgos, que subraya que todas las personas y sectores tienen responsabilidad en reducir la exposición a la violencia de género. Esto significa que, incluso en acciones que no están directamente relacionadas con la protección, como la distribución de ayuda, el acceso a servicios básicos o la planificación de espacios, es necesario analizar posibles riesgos y actuar para minimizarlos.
El principio de “no hacer daño” atraviesa toda la política: cualquier intervención debe evitar aumentar la vulnerabilidad de las personas. Anticipar riesgos, escuchar a las comunidades y adaptar las acciones al contexto son pasos esenciales para prevenir nuevas formas de violencia.
Responder con enfoque centrado en las personas sobrevivientes
Cuando la violencia ocurre, la respuesta debe ser rápida, segura y respetuosa. ACNUR enfatiza la importancia de un enfoque centrado en las personas sobrevivientes, basado en cuatro principios fundamentales: respeto, confidencialidad, seguridad y no discriminación.
Un aprendizaje clave es que las personas sobrevivientes deben poder tomar decisiones informadas sobre su proceso de atención. El acceso a servicios de salud, apoyo psicosocial, protección y justicia no solo contribuye a su recuperación, sino que también reafirma su dignidad y derechos.
Además, la política destaca que no existe un perfil único de persona sobreviviente. Las respuestas deben adaptarse a las necesidades específicas de niñas, adolescentes, mujeres mayores, personas con discapacidad o personas LGBTIQ+, reconociendo las múltiples formas de discriminación que pueden enfrentar.
La importancia del liderazgo y la rendición de cuentas
La erradicación de la violencia de género requiere liderazgo firme y compromiso sostenido. ACNUR establece que la prevención y respuesta a la violencia de género no es una tarea exclusiva de especialistas, sino una responsabilidad institucional y colectiva.
La rendición de cuentas, la formación continua y la coordinación entre organizaciones, gobiernos y sociedad civil son elementos esenciales para garantizar acciones eficaces y coherentes. Solo mediante alianzas sólidas y una visión compartida es posible avanzar hacia soluciones duraderas.
Un llamado a la acción para toda la sociedad
Aunque esta política está diseñada para contextos humanitarios, sus aprendizajes son relevantes para toda la sociedad. La violencia de género puede prevenirse si se abordan sus causas estructurales, se promueve la igualdad y se garantiza una respuesta digna y efectiva a quienes la sufren.
Sensibilizar, informarse y actuar son pasos fundamentales. Cada persona, desde su entorno, puede contribuir a construir una sociedad libre de violencia, donde el respeto y la dignidad sean una realidad para todas y todos.


