
Narrativas audiovisuales, revictimización y violencia de género: el poder de contar sin dañar
8 de abril de 2026
Detección temprana en violencia de género: actuar antes de que sea demasiado tarde
22 de abril de 2026El Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea, que entrará en vigor el próximo 12 de junio, marca un antes y un después en la forma en que la Unión Europea gestiona los flujos migratorios. Aprobado en 2024, este conjunto de normas busca crear un sistema común, más rápido y eficiente, para gestionar la llegada de personas migrantes y solicitantes de asilo.
Sin embargo, más allá de los aspectos técnicos, surge una pregunta clave: ¿cómo afecta este pacto a las mujeres migrantes y refugiadas? Analizarlo desde una perspectiva de género es esencial para comprender sus verdaderas implicaciones.
Un sistema más rápido y… ¿más vulnerable?
El nuevo pacto introduce procedimientos acelerados en frontera para evaluar solicitudes de asilo. Esto significa que muchas personas podrán ver resuelto su caso en menos tiempo.
Aunque esto puede parecer positivo, para muchas mujeres implica riesgos:
- Menor tiempo para explicar situaciones complejas como violencia de género o trata.
- Dificultad para acceder a asesoramiento legal adecuado.
- Procesos que no siempre detectan vulnerabilidades específicas.
Las mujeres migrantes no siempre huyen solo de conflictos armados. Muchas escapan de violencias invisibles, como matrimonios forzados, mutilación genital o violencia sexual. Estos contextos requieren entrevistas sensibles y especializadas, algo que los procedimientos rápidos no siempre garantizan.
Centros de control fronterizo: espacios de riesgo
Uno de los pilares del pacto es reforzar los controles en las fronteras exteriores de la UE. Esto incluye la creación de centros donde las personas son retenidas mientras se analiza su situación.
Para las mujeres, estos espacios pueden suponer:
- Falta de privacidad y seguridad.
- Riesgo de sufrir violencia o abuso.
- Acceso limitado a servicios de salud, especialmente sexual y reproductiva.
Diversas organizaciones han alertado de que estos entornos pueden reproducir situaciones de vulnerabilidad, especialmente para mujeres que ya han sufrido violencia durante su trayecto migratorio.
Externalización de fronteras: un peligro añadido
El pacto también refuerza la cooperación con países terceros para frenar la migración irregular. En la práctica, esto implica que muchas personas no lleguen siquiera a territorio europeo.
Para las mujeres, esto puede traducirse en:
- Permanecer en países donde no existen garantías de protección.
- Exposición a redes de trata y explotación.
- Mayor riesgo de violencia sexual durante rutas migratorias más largas y peligrosas.
Cuando Europa externaliza sus fronteras, también externaliza —en muchos casos— la responsabilidad de proteger derechos humanos.
¿Más solidaridad entre países o más desigualdad?
El pacto busca repartir la responsabilidad entre los Estados miembros mediante un sistema de solidaridad. Sin embargo, esto no siempre se traduce en una mejor protección para las mujeres.
Algunos retos incluyen:
- Diferencias en la calidad de los sistemas de acogida entre países.
- Falta de estándares comunes en atención con enfoque de género.
- Dificultades en la reunificación familiar.
Para muchas mujeres, especialmente aquellas que viajan con hijos o solas, la estabilidad y el apoyo social son claves. Sin ellos, la integración se vuelve mucho más difícil.
La invisibilidad de la violencia de género en el sistema de asilo
Uno de los grandes desafíos sigue siendo el reconocimiento de la violencia de género como motivo de asilo.
Aunque el pacto menciona salvaguardas para personas vulnerables, en la práctica:
- No siempre se identifican correctamente los casos.
- Falta formación especializada en las autoridades.
- Persisten estereotipos que dificultan el reconocimiento de estas situaciones.
Esto provoca que muchas mujeres no obtengan protección internacional, a pesar de estar en situaciones de alto riesgo.
Mujeres migrantes: doble vulnerabilidad
Las mujeres migrantes enfrentan, al menos, una doble discriminación:
- Por su condición de migrantes.
- Por su género.
Según diversos estudios, sus trayectorias hacia la estabilidad legal suelen ser más complejas y desiguales, dependiendo de factores como el país de origen o el tipo de entrada en Europa.
Además, muchas deben asumir roles de cuidado, lo que limita su acceso al empleo, la educación y la participación social.
¿Qué se puede mejorar del Pacto?
Para que el Pacto de Migración y Asilo no deje atrás a las mujeres, es necesario:
- Incorporar una perspectiva de género real
No basta con mencionarla. Es imprescindible aplicarla en todas las fases del proceso: desde la llegada hasta la integración.
- Garantizar espacios seguros
Los centros de acogida y control deben ofrecer condiciones dignas y seguras para mujeres y niñas.
- Formación especializada
El personal que gestiona solicitudes de asilo debe estar capacitado para identificar violencia de género.
- Facilitar el acceso a derechos
Salud, educación, apoyo psicológico y asistencia legal deben ser accesibles desde el primer momento.
Una cuestión de derechos humanos
El Pacto de Migración y Asilo pretende crear un sistema más ordenado y eficiente. Pero la eficiencia no puede estar por encima de los derechos humanos.
Las mujeres migrantes no son solo cifras en una estadística. Son personas con historias, muchas veces marcadas por la violencia, la desigualdad y la búsqueda de una vida digna.
El nuevo marco migratorio europeo representa una oportunidad para mejorar la gestión de la migración, pero también un riesgo si no se aplica con una mirada inclusiva. Sin una perspectiva de género sólida, existe el peligro de reforzar desigualdades ya existentes.
Por ello, es fundamental que la sociedad civil, las organizaciones y la ciudadanía sigan exigiendo políticas migratorias que protejan, escuchen y visibilicen a las mujeres.
Porque una Europa verdaderamente justa no puede construirse dejando a nadie atrás.


