
De víctimas de violencia de género a aliadas: tres historias de mujeres resilientes
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15 de abril de 2026Las historias que vemos en películas, series, noticias o redes sociales no son neutras. Las narrativas audiovisuales moldean la forma en que entendemos el mundo, las relaciones y, especialmente, fenómenos complejos como la violencia de género. Cuando estas narrativas no se construyen con responsabilidad, pueden contribuir a un fenómeno preocupante: la revictimización.
En un contexto donde la sensibilización social es clave para erradicar la violencia, reflexionar sobre cómo se cuentan estas historias es más urgente que nunca.
¿Qué es la revictimización?
La revictimización ocurre cuando una persona que ha sufrido violencia vuelve a experimentar daño como consecuencia de cómo otras personas, instituciones o medios reaccionan ante su caso. Esto puede suceder al cuestionar su testimonio, exponer su identidad o hacerle revivir el trauma repetidamente.
Las mujeres migrantes o refugiadas, debido a su particular vulnerabilidad, son más susceptibles de sufrir revictimización o “victimización secundaria”.
Además de la violencia inicial (victimización primaria), muchas víctimas enfrentan una “victimización secundaria”, derivada del trato recibido en procesos judiciales, mediáticos o sociales.
En el ámbito audiovisual, esto puede manifestarse de diversas formas: desde el dolor de la víctima o familiares convertido en espectáculo, hasta la culpabilización implícita de la víctima.
El papel de las narrativas audiovisuales
El cine, la televisión, los informativos y las plataformas digitales no solo informan o entretienen: también construyen imaginarios sociales. Numerosos estudios han demostrado que las representaciones mediáticas influyen en la percepción pública de la violencia de género y en los estereotipos asociados a víctimas y agresores.
Por ejemplo, es frecuente encontrar narrativas donde:
- Las mujeres aparecen principalmente como víctimas pasivas.
- La violencia se romantiza o se justifica dentro de relaciones afectivas.
- El foco se pone en los detalles morbosos del caso, en lugar de en el contexto estructural.
Estas representaciones no son inocentes. Reproducen desigualdades y pueden contribuir a normalizar la violencia.
¿Cómo se produce la revictimización en los medios?
Las narrativas audiovisuales pueden revictimizar de múltiples maneras, muchas veces de forma sutil:
- Culpabilización de la víctima
Preguntas como “¿por qué no denunció antes?” o “¿por qué estaba allí?” trasladan la responsabilidad del delito a la persona afectada.
- Exposición innecesaria
La difusión de datos personales, imágenes o detalles íntimos vulnera el derecho a la privacidad y puede agravar el trauma.
- Sensacionalismo
El uso de titulares impactantes o el énfasis en los aspectos más violentos convierte el sufrimiento en espectáculo.
- Repetición del relato traumático
La constante reproducción de imágenes o testimonios obliga a las víctimas a revivir la experiencia una y otra vez.
- Invisibilización del contexto
Cuando no se explica que la violencia de género es un problema estructural, se presenta como un hecho aislado o anecdótico.
Consecuencias sociales de estas narrativas
El impacto de estas prácticas va más allá de las víctimas individuales. A nivel social, las narrativas revictimizantes:
- Refuerzan estereotipos de género.
- Generan desconfianza hacia las víctimas.
- Dificultan la denuncia.
- Normalizan la violencia en el imaginario colectivo.
Además, la violencia de género ya tiene graves consecuencias físicas y psicológicas —como ansiedad, depresión o estrés postraumático— que pueden agravarse con la exposición mediática inadecuada.
Hacia una comunicación responsable
Transformar las narrativas audiovisuales es una tarea colectiva que implica a periodistas, creadores de contenido, instituciones y ciudadanía. Algunas claves para evitar la revictimización son:
✔ Poner el foco en el agresor, no en la víctima.
Evitar preguntas o enfoques que responsabilicen a quien sufre la violencia.
✔ Proteger la identidad y la intimidad.
No difundir información que permita identificar a la víctima sin su consentimiento.
✔ Contextualizar la violencia.
Explicar que se trata de un problema estructural, vinculado a desigualdades de género.
✔ Evitar el sensacionalismo.
Informar con rigor, sin recurrir a detalles morbosos o innecesarios.
✔ Dar voz a las víctimas desde el respeto.
Incluir sus testimonios solo cuando sea pertinente y garantizando su bienestar.
El papel de la ciudadanía
Como audiencia, también tenemos un rol activo. Consumir contenidos de forma crítica, cuestionar narrativas dañinas y exigir un tratamiento responsable de la información son acciones que contribuyen al cambio.
Cada clic, cada visualización y cada comentario puede reforzar o desafiar los discursos existentes.
Las narrativas audiovisuales tienen un enorme poder: pueden perpetuar la violencia o contribuir a erradicarla. Evitar la revictimización no es solo una cuestión ética, sino una responsabilidad social.
Contar historias con perspectiva de género, respeto y rigor no solo protege a las víctimas, sino que también educa, sensibiliza y transforma. Porque la forma en que narramos la violencia influye directamente en cómo la entendemos… y en cómo decidimos actuar frente a ella.
Solo construyendo relatos responsables podremos avanzar hacia una sociedad libre de violencia de género.


