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Muchas mujeres no denuncian, o no hablan de lo que están viviendo, por miedo, dependencia económica, presión social o falta de apoyo. En el caso de las mujeres migrantes o refugiadas, estos obstáculos pueden ser aún mayores debido a barreras lingüísticas, administrativas o sociales.
Las investigaciones muestran que las mujeres migrantes pueden enfrentar situaciones de vulnerabilidad adicionales, derivadas de condiciones legales precarias, racismo o aislamiento social, lo que puede aumentar el riesgo de sufrir violencia y dificultar el acceso a protección o apoyo institucional.
Romper el silencio no siempre es sencillo, pero es un paso fundamental para detener la violencia.
La importancia de poner límites
La violencia de género no empieza con el primer golpe. Empieza mucho antes: en el control, el miedo y el silencio impuestos. Por eso, reconocer los primeros signos y aprender a poner límites es una herramienta clave para prevenir situaciones de violencia más graves.
A menudo, decir “No” se relaciona con poner límites. Poner límites es establecer, de forma asertiva y clara, qué comportamientos aceptas y cuáles no en tus relaciones con otras personas.
Se trata de una forma de cuidarte, no de ser egoísta. Aunque puedas sentirte culpable, si comunicas tus necesidades con firmeza y calma ganarás en confianza y respeto hacia ti misma.
Cada uno de los límites que ponemos a otras personas es una forma de proteger la dignidad, la autonomía y la seguridad personal.
Decir no a tiempo
Decir «No» es una herramienta fundamental de autodefensa y posicionamiento contra la violencia de género, sirviendo para establecer límites claros, romper el ciclo de abuso y solicitar auxilio en momentos críticos.
Decir no a tiempo puede marcar una diferencia fundamental:
- No a los celos y el control.
- No a la agresión verbal y las humillaciones.
- No a que te aíslen de tu familia o amistades.
- No a cualquier acto sexual no consentido.
- No a una situación que te genera miedo o rechazo.
Otras formas de romper el silencio
También hay formas de romper el silencio y decir «No» como señal de auxilio o ante situaciones de emergencia.
- La señal de socorro (gesto con la mano): en lugares públicos, ante un agresor, levanta la mano con la palma hacia fuera, esconde el pulgar y cierra los dedos sobre él. Es una señal silenciosa, discreta y efectiva, usada internacionalmente, con la que puedes solicitar auxilio en la calle o en videollamadas sin que el agresor se dé cuenta.
- La denuncia: decir «No» a la impunidad denunciando al maltratador. Por ejemplo, llamando al 016.
Decir “No” debería ser siempre una decisión libre, respetada y protegida. Sin embargo, para miles de mujeres en todo el mundo —y también en España— decir “No” puede convertirse en un acto de valentía que desafía relaciones de poder, normas sociales y situaciones de violencia.
Una situación de extrema vulnerabilidad, como en la que se encuentran muchas mujeres migrantes o refugiadas, dificulta o, directamente, hace imposible decir que no.
A veces, ese “No” puede salvar una vida. Pero también puede ponerla en peligro. Cuando una mujer dice “No”, la sociedad debe estar preparada para respaldar ese límite.
La responsabilidad no es de la víctima
Sin embargo, es importante recordar que la responsabilidad de la violencia nunca es de la víctima. El problema no es no haber dicho no antes; la carga siempre está del lado de quien ejerce la violencia.
Por ello no se trata de poner la responsabilidad en las mujeres.
Los hombres que ejercen violencia tienen la responsabilidad sobre el daño que causan.
La sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad de educar a los hombres desde la infancia y de proteger a las mujeres frente a la violencia.
Decir no a la violencia de género y romper el silencio no es solo un asunto de las mujeres. Como hombre, tú también puedes decir que no:
- No tengo más valor que una mujer por ser hombre.
- No puedo abusar de una mujer porque esté borracha o tenga poder sobre ella.
- No debo presionar, chantajear o forzar a mi pareja a tener sexo.
- No debo seguir adelante si una mujer me dice que no.
Como sociedad, también podemos decir que no:
- No a la indiferencia frente a la violencia de género.
- No al “es un asunto privado, ya se arreglarán”.
- No a los prejuicios racistas en contra de las mujeres migrantes.
- No a mirar hacia otra parte o taparse los oídos.
En cambio, todas y todos podemos decir que sí:
- Sí a la empatía.
- Sí al goce y al placer consentido.
- Sí a relaciones basadas en el respeto y el cuidado mutuos.
- Sí a una educación sexual igualitaria.
Porque si una cosa está clara en materia de lucha contra la violencia de género, igualdad y derechos de las mujeres es que no podemos dar un paso atrás.


