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La triple dependencia de las mujeres migrantes: un lastre frente a la violencia de género
15 de julio de 2026La migración es una realidad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, no todas las personas migran en las mismas condiciones ni enfrentan los mismos desafíos. El género influye profundamente en las decisiones de migrar, las oportunidades disponibles, los riesgos durante el trayecto y las experiencias en los países de destino.
Desigualdades de género y migración
Durante décadas, la migración fue entendida principalmente como un fenómeno masculino. Las mujeres aparecían en los estudios y las políticas públicas como acompañantes de sus esposos o familiares. Sin embargo, esta visión ha cambiado. Hoy sabemos que millones de mujeres migran de forma independiente para trabajar, estudiar, proteger a sus familias o buscar una vida mejor. Este proceso dio lugar al concepto de “feminización de la migración”, que puso de relieve el creciente protagonismo de las mujeres en los movimientos migratorios internacionales.
No obstante, los datos más recientes muestran una realidad más compleja. De acuerdo con el Informe sobre las Migraciones en el Mundo (Organización Internacional para las Migraciones/ONU, 2024), aunque las mujeres representan casi la mitad de la población migrante mundial, persisten importantes desigualdades de género. Además, la migración laboral continúa estando fuertemente segregada por género. En 2019, de los 169 millones de trabajadores migrantes en el mundo, 99 millones eran hombres y 70 millones eran mujeres, una diferencia de 29 millones de personas.
Esta brecha refleja cómo las normas sociales siguen condicionando las oportunidades laborales. Mientras que muchos hombres migran hacia sectores como la construcción, la industria o el transporte, las mujeres suelen concentrarse en actividades relacionadas con los cuidados, el trabajo doméstico, la salud y los servicios. Estas ocupaciones, pese a ser esenciales para el funcionamiento de las sociedades, continúan siendo menos valoradas y, en muchos casos, más precarias.
¿Cómo influye el género más allá del empleo?
Pero el impacto del género va mucho más allá del empleo. Desde antes de emprender el viaje, las normas y estereotipos de género influyen en quién puede migrar, cómo lo hace y con qué recursos cuenta. En muchas comunidades todavía persiste la idea de que los hombres deben asumir el papel de proveedores económicos, mientras que las mujeres deben permanecer vinculadas al cuidado familiar. Estas expectativas pueden limitar la autonomía de las mujeres y aumentar su vulnerabilidad.
A lo largo del ciclo migratorio también aparecen riesgos específicos. Las mujeres migrantes enfrentan una mayor exposición a la violencia de género, la explotación laboral, la trata de personas y la discriminación. Por su parte, las personas con identidades de género diversas suelen encontrarse con barreras adicionales relacionadas con el reconocimiento de sus derechos, el acceso a servicios básicos y la protección internacional.
Relación con la violencia de género
La migración feminizada no implica por sí sola más violencia, pero sí puede crear condiciones de mayor vulnerabilidad. Muchas mujeres migrantes trabajan en sectores feminizados y poco protegidos, como el empleo de hogar y los cuidados, donde es más fácil que aparezcan abusos de poder, jornadas abusivas, retención salarial o aislamiento. Cuando además dependen económicamente del agresor o del empleador, la violencia puede quedar más oculta y ser más difícil de probar.
En el contexto español, algunos factores que agravan el problema son:
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Situación administrativa irregular o miedo a perder permisos.
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Desconocimiento de derechos y recursos.
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Dependencia económica y habitacional del agresor o de la familia empleadora.
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Barreras culturales y lingüísticas.
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Redes de apoyo débiles o fragmentadas.
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Racismo, xenofobia y estigmatización institucional o social.
Estos factores no solo aumentan el riesgo de violencia, sino que también reducen la capacidad de pedir ayuda a tiempo.
Sin información no hay comprensión
Uno de los principales problemas identificados por la Organización Internacional para las Migraciones es la falta de información suficiente para comprender plenamente estas realidades. Aunque se han producido avances, todavía existen importantes lagunas en los datos disponibles. Muchos sistemas de recopilación de información continúan registrando únicamente el sexo de las personas, sin reflejar la diversidad de identidades de género ni las experiencias específicas que atraviesan distintos grupos de migrantes. Esta carencia dificulta el diseño de políticas públicas eficaces y sensibles a las desigualdades existentes.
El informe también destaca cuatro desafíos urgentes que atraviesan todo el proceso migratorio:
- Los estereotipos de género.
- El acceso desigual a la información.
- La brecha digital.
- Las limitaciones para acceder a vías de migración regular.
Estos factores se combinan y amplifican las desigualdades, aumentando los riesgos para quienes migran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Políticas migratorias con perspectiva de género
Frente a esta realidad, resulta imprescindible adoptar medidas urgentes. En primer lugar, es necesario promover políticas migratorias con perspectiva de género que reconozcan las necesidades específicas de mujeres, hombres y personas de género diverso. En segundo lugar, deben fortalecerse los mecanismos de protección frente a la violencia, la explotación y la discriminación. También es fundamental ampliar las vías de migración regular y segura, reduciendo la exposición a redes de trata y otras formas de abuso. Finalmente, se requiere una mayor inversión en investigación y recopilación de datos que permitan comprender mejor las experiencias migratorias desde una perspectiva de género.
La migración no es un fenómeno neutro. Está profundamente influida por las desigualdades que existen en nuestras sociedades y, al mismo tiempo, puede convertirse en una oportunidad para transformarlas. Garantizar la igualdad de género en la migración no significa favorecer a un grupo sobre otro, sino asegurar que todas las personas puedan ejercer sus derechos, desarrollar su potencial y vivir libres de violencia y discriminación.


