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10 de junio de 2026La hipervigilancia emocional en el contexto de la migración es un estado de alerta constante ante las señales emocionales de los otros. Aparece como una estrategia de supervivencia que, si se cronifica, puede impactar negativamente en la salud mental de las personas migrantes.
Particularmente relevante entre las mujeres migrantes y refugiadas, debido a la intersección con la violencia de género, la xenofobia y el duelo migratorio, la hipervigilancia es parte del cóctel que hace de la migración un factor de riesgo para la salud mental.
Características principales de la hipervigilancia en el contexto migratorio
La hipervigilancia, definida como un estado de alerta permanente, es una de las respuestas emocionales que muchas veces acompaña al proceso migratorio. Es más común cuando la migración se produce en circunstancias desfavorables y previamente se han experimentado eventos potencialmente traumáticos.
La migración activa el circuito del estrés, aumenta el cortisol y genera hipervigilancia como respuesta al miedo a lo desconocido y la incertidumbre.
En el caso de las mujeres y niñas migrantes, que sufren violencias específicas tanto en el origen, como durante el tránsito y en el país de destino, su salud mental puede verse particularmente afectada.
En un estudio reciente sobre la prevalencia, los factores predictivos y las repercusiones económicas de los trastornos de salud mental entre los solicitantes de asilo, los migrantes y los refugiados procedentes de países africanos, se destaca la mayor incidencia de problemas psicoemocionales entre menores y mujeres que han sufrido diversas formas de violencia, en particular violencia sexual.
Impacto de la migración en la salud mental
Más allá de las experiencias traumáticas que una persona migrante o refugiada haya sufrido, la migración en sí misma aumenta la vulnerabilidad de sufrir problemas de salud mental y emocional.
En una revisión sistemática de estudios sobre la salud mental de migrantes, que abarcó a más de 15 mil personas, se encontraron prevalencias mucho más altas de estos trastornos con respecto a la población de acogida:
- Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): 31 % (frente a 4% en la población local).
- Depresión: 25% (frente a 3 %)
- Ansiedad: 14 % (frente a 4 %)
Entre los principales hallazgos de esta investigación, encontramos:
- La edad más joven se asoció con una mayor prevalencia de trastorno de estrés postraumático y trastorno de ansiedad generalizada.
- La migración a un país de ingresos medios o de bajos ingresos se asoció con una mayor prevalencia del trastorno de ansiedad generalizada.
- Las personas migrantes expuestas a conflictos armados o a situaciones de violencia grave corren un alto riesgo de sufrir trastornos de salud mental.
Modelo ecológico de intervención
Los datos de la investigación respaldan el manejo temprano y proactivo del malestar psicosocial, para prevenir la aparición de trastornos de salud mental en migrantes expuestos a conflictos armados.
El modelo ecológico de Miller y Rasmussen destaca la importancia de los factores estresantes posteriores a la migración. En este sentido, respaldan la implementación de intervenciones integrales que aborden las condiciones sociales y materiales de la vida diaria de los refugiados.
Si bien estos autores reconocen el impacto sobre la salud mental de los eventos potencialmente traumáticos del pasado, como los conflictos armados, el modelo ecológico que proponen enfatiza los factores de estrés posteriores a la migración.
Situaciones como la pobreza, el desempleo, el estigma, la discriminación y el aumento de la violencia intrafamiliar, empeoran la salud mental de estas personas. De este modo, una intervención adecuada no solo deben abordar el tratamiento del trauma en sí mismo, sino la situación global de la persona en el momento presente.
Recomendaciones de la OMS en torno a la atención de la salud mental de las personas migrantes y refugiadas
Las personas refugiadas y migrantes se enfrentan a importantes barreras, las cuales dificultan su inclusión en la sociedad y limitan tanto el acceso como la acogida en los servicios de salud mental.
Para hacer frente a estos problemas se necesitan medidas específicas y multidisciplinares, que incluyan una atención integrada y adaptada a las diferencias culturales, apoyo social, asistencia jurídica y participación comunitaria.
Entre las principales recomendaciones de la OMS a los países de acogida, destacan:
- Promover el apoyo comunitario y la inclusión social.
- Abordar los determinantes sociales.
- Integrar la salud mental en la atención general de salud.
- Ofrecer flexibilidad en los servicios de salud mental.
- Proteger los derechos humanos.
- Fortalecer la capacidad de la comunidad.
A veces, lo más traumático no es la experiencia vivida, sino que la sensación de inseguridad se extienda en el tiempo. Por eso, las sociedades de acogida tienen la responsabilidad de no perpetuar el malestar de las personas migrantes y refugiadas, especialmente, de las más vulnerables: mujeres y niñas.


