
Amiga, te tengo que contar una cosa: cómo acompañar a una víctima de violencia de género
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Interseccionalidad: la vulnerabilidad múltiple de las mujeres migrantes
30 de junio de 2025Cuando hablamos de violencia de género es fundamental mirar el rol de los hombres: no solo como los agresores en el 95 % de los casos, sino como actores claves, aliados, en la erradicación de las agresiones que sufren las mujeres.
Ser aliado es más que no ejercer violencia: es tomar una postura activa contra las injusticias que enfrentan las mujeres migrantes. Ellas suelen vivir múltiples formas de violencia: por género, por origen, por situación migratoria.
La pregunta es: ¿qué pueden hacer los hombres ante esta realidad? La respuesta comienza con una toma de conciencia. Ser aliado no significa “salvar” a las mujeres ni hablar por ellas, sino reconocer el lugar que uno ocupa en la estructura social y usarlo de forma responsable. Los hombres pueden convertirse en aliados si deciden actuar desde la empatía, el respeto y la escucha.
Aliados: escuchan para entender, no para responder
Una de las formas más poderosas de apoyo es escuchar de verdad. Las mujeres migrantes tienen sus propias voces, historias y estrategias de resistencia. Escuchar sus experiencias sin interrumpir y sin juzgar es un primer paso fundamental. Muchas veces, los hombres creen que apoyar es dar soluciones, cuando lo que se necesita es una presencia empática y un espacio seguro donde ellas puedan expresarse.
Revisar creencias y privilegios
La socialización de género enseña a los hombres a ejercer poder, a callar emociones y a dominar. Ser aliado implica cuestionar estas enseñanzas. ¿Cómo me relaciono con las mujeres de mi entorno? ¿Reproduzco estereotipos sobre las personas migrantes? ¿He sido testigo de comentarios racistas o machistas y no hice nada? Reconocer el privilegio no es motivo de culpa, sino de responsabilidad. Los hombres no eligieron nacer con ventajas, pero sí pueden elegir cómo usarlas para transformar el entorno.
Intervenir cuando sea necesario
El silencio perpetúa la violencia. Cuando un hombre escucha chistes misóginos o xenófobos, o presencia una situación de acoso o discriminación, tiene la opción de intervenir. A veces, una palabra a tiempo cambia una conversación; otras veces, la intervención puede evitar una agresión. Ser aliado significa también incomodarse, decir “esto no está bien” incluso si eso significa ir contra lo que es “normal” en un grupo de amigos o compañeros de trabajo.
Aliados que promueven espacios seguros e incluyentes
Los hombres que ocupan roles de liderazgo —en organizaciones, instituciones, comunidades o familias— pueden usar su posición para abrir espacios donde las mujeres migrantes se sientan protegidas y escuchadas. Esto puede ir desde establecer protocolos de atención con perspectiva de género e interculturalidad, hasta crear redes de apoyo solidarias. Es importante que estos espacios no sean solo simbólicos, sino reales, sostenidos y construidos junto con las mujeres.
Educarse y educar
El aprendizaje es constante. Existen muchas iniciativas, libros, documentales, charlas y talleres sobre masculinidades, migración y derechos humanos. Un hombre aliado busca informarse, comprender la historia y las causas estructurales de la violencia, y comparte ese conocimiento con otros. Las conversaciones entre hombres sobre estos temas son muy necesarias: hablar de lo que duele, de lo que incomoda, de lo que se quiere cambiar. Si los hombres no se cuestionan entre ellos, la transformación será superficial.
Aliados: un compromiso cotidiano
Ser aliado no es una etiqueta que se consigue una vez y para siempre. Es una práctica diaria. A veces implica cometer errores, pedir disculpas y volver a empezar. Pero también conlleva crecimiento, relaciones más sanas, y una contribución real a una sociedad más justa y equitativa. La alianza con las mujeres migrantes requiere sensibilidad y humildad. No se trata de ocupar el centro, sino de estar presentes de forma ética, coherente y respetuosa.
En conclusión, los hombres tenemos un rol insustituible en la lucha contra la violencia hacia las mujeres migrantes. No como protagonistas, sino como aliados. Como quienes reconocen que la equidad no se logra sin su participación, y que la verdadera masculinidad no se basa en el poder sobre otros, sino en la capacidad de construir, cuidar y transformar. Cada gesto cuenta: una palabra, una intervención, una decisión.
Los hombres pueden y deben convertirse en aliados activos, conscientes y comprometidos en la lucha contra todas las formas de violencia.


