
Tácticas y estrategias para salir de la violencia de género
6 de mayo de 2026
Migración, soledad no deseada y violencia de género: una tríada fatal para las mujeres
20 de mayo de 2026El miedo, la soledad y la vergüenza acompañaron durante mucho tiempo a Juliett París (Madrid, 41 años), pero ya no más. “Si quieres hacer algo, hazlo. Si tienes miedo, hazlo con miedo”, resume en una entrevista en las oficinas de ONG Rescate.
Su primera novela, Las malvas de mi piel (Editorial Círculo Rojo, 2025), ya ha alcanzado su segunda edición. En sus páginas no construye una historia ajena: parte de su propia experiencia para relatar, con crudeza y detalle, el impacto de la violencia de género y del maltrato psicológico.
Después de plasmar sobre el papel el infierno que vivió durante más de dos años, se ha capacitado en violencia de género y microagresiones. Algo que le acompañó durante su relación. “He estado con chicas más guapas y más delgadas”, era algo que su agresor le decía muy a menudo. “Ese grito, esa amiga que no sale, esos mensajes no son normales. Son microviolencias que te ponen cada vez más peso en los hombros y cuando te das cuenta ya no te puedes mover”.
¿Una historia como otra cualquiera?
La historia de ‘amor’ entre París y Jota, su victimario, comenzó como muchas otras. Una mirada fortuita, un hombre con mucho carisma y poca vergüenza y una situación emocional —por parte de ella— delicada. “Él tenía un perfil de estos comerciales, de los que te venden cualquier cosa”, aclara.
Además, tal y como retrata en su novela, no solo la colmaba de halagos y palabras bonitas, sino que también invertía económicamente en ella, haciéndole regalos y detalles que la hacían sentir como “una auténtica princesa”.
Esta forma de relacionarse es peligrosa. «Se desarrolla un amor y un apego muy rápidos”, haciendo que la persona se sienta “muy muy especial”, aclara la novelista.
Una red inestable y mucha manipulación
París se encontraba en un momento complejo de la vida. Acababa de volver a España después de vivir mucho tiempo en Londres y se sentía “un poco perdida”. “Estas personas no van a por cualquiera. Buscan un perfil bajo, con poca autoestima, que no tengan una familia tradicional o estable, que sean alternativas…”, explica.
Ese era su caso. Siempre se consideró muy independiente, sin embargo, eso también le convirtió en un blanco fácil. “Tenía una red más inestable”.
Al principio, estaba siempre pendiente de sus necesidades, gustos y apetencias, pero poco a poco —y casi sin darse cuenta— esa atención pasó a ser control. “Del no me gustan tus amigos al no me gusta que salgas, o que te compare con antiguas parejas”.
De esta forma, la madrileña empezó a salir menos, a no hablar con sus amigas a dejar de viajar y a ser completamente dependiente de su agresor. “Atacó tanto mi autoestima que acabé en el hospital con un ataque de ansiedad y 15 kilos menos”.
Punto de inflexión
Durante esos años París perdió muchas amistades y las pocas que quedaron no sabían cómo actuar. “A la primera no vas a conseguir que la víctima te escuche, pero hay que quedarse, estar presente y pendiente para cuando sí pueda pedir ayuda”, dice sobre lo que le ocurrió con su “círculo de amor”.
Una infidelidad corroborada fue lo que le permitió poner punto final a la experiencia más traumática de su vida. No obstante, París no se decidió a interponer una denuncia hasta que un vecino del bloque le confesó que había oído cómo Jota maltrataba a su perra. “Aún no puedo superar que no me diese cuenta de lo que le estaba haciendo a mi perra, a mi mejor amiga”, confiesa con un nudo en la garganta.
Reconstruir(se)
El desenlace del libro se cuenta solo, ya que Juliett París está sentada en una de las salas de ONG Rescate en Madrid. Han pasado años de aquello y poco a poco ha vuelto a la vida. “Al haber pasado por esto, soy mejor persona y he aprendido a valorar las cosas de otra forma”, afirma. Actualmente, colabora no solo económicamente sino con su tiempo en más de 10 asociaciones, muchas de ellas relacionadas con el bienestar animal.
Además, en los talleres que imparte de formación en materia de violencia de género ha encontrado una forma de darle sentido a lo que le ocurrió. “Ojalá no haberle tenido que ver el punto positivo, pero todos tenemos una historia compleja”.
Aprovecha estos espacios no solo para conocer a otras mujeres, sino también para hacer un recorrido de la historia de España, porque su agresor no es rara avis. Es uno de los miles de casos que existe en el país. “Siempre hay una historia y es muy triste que todas tengamos una”, reflexiona.


