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27 de mayo de 2026Para miles de mujeres la migración puede convertirse en una experiencia marcada por la soledad no deseada, el miedo y el sufrimiento psicológico. Migrar nunca es solo cambiar de país. También implica dejar atrás vínculos, costumbres, redes de apoyo y, en muchos casos, una parte importante de la propia identidad. Cuando además existe violencia de género, la situación puede agravarse hasta niveles invisibles para gran parte de la sociedad.
La falta de apoyo, la dependencia económica, el aislamiento social y las barreras culturales o administrativas pueden aumentar considerablemente la vulnerabilidad frente a relaciones abusivas.
El impacto emocional de migrar
La migración suele estar motivada por la búsqueda de una vida mejor, oportunidades laborales o la necesidad de escapar de situaciones de pobreza, violencia o conflicto. Sin embargo, el proceso migratorio también puede generar un fuerte impacto emocional.
Entre las dificultades más frecuentes se encuentran:
- La separación familiar.
- La pérdida de redes de apoyo.
- Las barreras idiomáticas.
- La precariedad laboral.
- La discriminación social.
- La incertidumbre legal o administrativa.
Todo ello puede provocar sentimientos de tristeza, ansiedad, miedo o desarraigo. Muchas personas migrantes experimentan una sensación profunda de soledad no deseada, especialmente durante los primeros años en el país de acogida, el llamado duelo migratorio.
En el caso de las mujeres, estas dificultades suelen estar atravesadas además por desigualdades de género que incrementan el riesgo de exclusión y violencia.
Soledad no deseada y aislamiento: factores de vulnerabilidad
En un estudio llevado a cabo por el centro de investigación ISEAK para la Cruz Roja (“Percepción y vivencia de la soledad no deseada y sus respuestas en el ámbito comunitario”), se señala que la incidencia de algunos eventos vitales, como la migración, actúan como disparadores del sentimiento de soledad no deseada y el aislamiento social.
De acuerdo con esta investigación, la migración se configura como un determinante social que desencadena el riesgo de soledad en colectivos vulnerables. La percepción de soledad no deseada suele ser más alta en personas migradas que en las nacidas en España, sentimiento que se agrava entre los no hispanohablantes.
La soledad no siempre significa estar físicamente sola. Muchas mujeres migrantes viven acompañadas, trabajan o tienen hijos, pero aun así se sienten aisladas emocionalmente.
El aislamiento puede aparecer cuando:
- No existe una red cercana de amistades o familiares.
- Hay dificultades para comunicarse por el idioma.
- Se depende económicamente de la pareja.
- Se desconocen los recursos disponibles.
- Existe miedo a perder la residencia o el trabajo.
En contextos de violencia de género, el aislamiento suele convertirse en una herramienta de control. El agresor puede limitar las relaciones sociales, impedir el acceso a recursos o utilizar la situación migratoria como mecanismo de amenaza.
Frases como “si denuncias te deportarán” o “nadie te ayudará porque no eres de aquí” forman parte de muchas dinámicas de violencia psicológica que afectan a mujeres migrantes.
Sufrimiento psicológico y salud mental
El sufrimiento psicológico derivado de la migración y la violencia puede manifestarse de diferentes maneras. Algunas mujeres desarrollan síntomas de ansiedad, depresión, estrés postraumático o insomnio. Otras sienten culpa, miedo constante o una profunda pérdida de autoestima.
Muchas veces, estos síntomas pasan desapercibidos porque las prioridades inmediatas son sobrevivir, trabajar o cuidar de los hijos. Además, todavía existen fuertes estigmas alrededor de la salud mental en numerosas comunidades.
La falta de acceso a atención psicológica adecuada también representa una barrera importante. Algunas mujeres no conocen sus derechos, otras no pueden costear una terapia y muchas temen ser juzgadas o no comprendidas culturalmente.
Por eso, es fundamental entender que la salud mental también forma parte de la protección integral frente a la violencia de género.
Acciones contra la soledad no deseada
El Informe Anual 2024 del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes (FISI) propone una serie de acciones destinadas a combatir el sentimiento de aislamiento y de soledad no deseada entre las personas migrantes:
- Prevención a escala comunitaria. La soledad sigue estando asociada a un fuerte estigma social, por lo que se considera necesario desarrollar acciones de sensibilización y de reconocimiento de la diferencia y la diversidad destinadas a la cohesión social.
- Acompañamiento en la transición vital que supone el proceso migratorio. A través de acciones de sensibilización y formación con agentes de atención primaria (servicios sociales y salud) para favorecer la detección de casos y determinar el acompañamiento necesario.
- Políticas públicas que entiendan la soledad como consecuencia de otras problemáticas (irregularidad administrativa, falta de acceso a la vivienda, el empleo y los servicios, etc.).
- Acciones preventivas de los desencadenantes de la desconexión social de los colectivos vulnerables, incluyendo la población migrante. Las discriminaciones múltiples, desde un enfoque interseccional, tienen un impacto profundo no solo en el acceso a derechos y oportunidades de los grupos y las personas, sino también en el potencial de establecer vínculos de ciudadanía.
- Amortiguar las situaciones de dificultad social a través de la generación de redes y activación de recursos a escala local.
- Atender a los aspectos culturales para alcanzar una comprensión específica de la soledad no deseada en el colectivo de personas migrantes. Proceder de una sociedad con fuertes lazos comunitarios puede suponer un gran contraste situacional para aquellas personas que han tenido una migración forzada y solitaria, quienes finalmente deben adaptarse a una sociedad más individualista.
Visibilizar para proteger
Detrás de muchas historias de migración existen experiencias de fortaleza y superación, pero también heridas invisibles que necesitan ser reconocidas. La soledad no deseada, el sufrimiento psicológico y la violencia de género forman una realidad compleja que no debe ignorarse.
Visibilizar estas situaciones no busca generar miedo, sino conciencia. Hablar de ello permite identificar señales, ofrecer ayuda y construir entornos más seguros para todas las personas.
Porque ninguna mujer debería enfrentarse sola a la violencia y al dolor emocional, con independencia de su país de origen.


