
Desaparecidas en el tránsito migratorio: dónde están nuestras mujeres
11 de noviembre de 2025
Mujeres que migran con su agresor: la larga cadena de la violencia de género
21 de noviembre de 2025A veces, el problema no es ser una mujer extranjera. El problema es ser una mujer extranjera pobre. El rechazo a las personas sin recursos económicos o en situación de exclusión (aporofobia) puede sumarse a la discriminación que de por sí sufre una mujer en un país extranjero.
Cuando nos referimos a la violencia de género resulta imprescindible ampliar la mirada y reconocer las múltiples formas de discriminación que afectan a las mujeres, especialmente a aquellas que viven en situación de vulnerabilidad social y económica. En este contexto, la aporofobia emerge como un factor clave para comprender la realidad de muchas mujeres migrantes que sufren violencia de género.
Porque la aporofobia y la discriminación hacia las mujeres migrantes se entrelazan, generando una triple vulnerabilidad: ser mujer, migrante y vivir en situación de pobreza.
¿Qué es la aporofobia y cómo se expresa?
El término aporofobia fue acuñado por la filósofa española Adela Cortina y proviene del griego áporos (pobre) y phobos (miedo o rechazo). Define una forma de discriminación que se dirige no hacia el extranjero por sí mismo, sino hacia quien carece de recursos, de estatus o de poder.
Por ejemplo, no recibe el mismo trato una persona marroquí que llega en su propio yate a Mallorca, que otra llegada en patera a Lanzarote. No vive la misma experiencia un turista estadounidense negro que camina por la estación de Atocha, a si lo hace un inmigrante senegalés en situación irregular.
En el caso de las mujeres migrantes, la aporofobia se manifiesta de manera especialmente cruel. No solo enfrentan barreras legales, laborales y culturales, sino también una profunda estigmatización social que las considera “cargas” o “invasoras”, invisibilizando sus derechos y su humanidad.
Cuando esta discriminación se cruza con la violencia machista, el resultado es una exclusión estructural que deja a muchas mujeres fuera de los sistemas de protección y justicia.
Cuando el sistema también discrimina
La aporofobia no solo está presente en los prejuicios sociales, sino también en las estructuras institucionales.
Las barreras burocráticas, la falta de intérpretes en los servicios públicos o la exigencia de documentos imposibles de conseguir son ejemplos de cómo el sistema puede perpetuar la exclusión.
Muchas mujeres migrantes no acceden a las ayudas contra la violencia de género porque no cumplen ciertos requisitos legales o no saben cómo solicitarlas. En algunos casos, ni siquiera se les informa de sus derechos.
Esto evidencia que la violencia institucional también forma parte del problema: cuando el Estado no protege, también violenta.
La aporofobia ejerce presión adicional, ya que forma parte de un sistema que legitima su exclusión y la precariedad, obstaculizando su acceso a la protección legal, a empleo digno y a la plena integración social.
La triple vulnerabilidad
La aporofobia multiplica el impacto de la violencia de género entre mujeres migrantes, al volverlas más susceptibles a la victimización y dificultar su acceso a derechos y protección efectiva.
- A la discriminación basada en el género se suma la asociada a la pobreza y al estatus migratorio, generando una triple discriminación que magnifica el riesgo de ser víctima de violencia.
- La aporofobia puede derivar en violencia institucional, manifestada en la negligencia, falta de protección o barreras administrativas y legales para acceder a justicia o servicios sociales adecuados.
- Este clima de rechazo puede llevar a la interiorización de la vergüenza o el miedo por parte de las víctimas, dificultando todavía más la ruptura del ciclo de violencia.
Acoger, proteger y dar oportunidades
La lucha contra la violencia de género debe incluir una perspectiva interseccional: entender que no todas las mujeres enfrentan la violencia de la misma manera.
La pobreza, el racismo y la discriminación migratoria agravan el riesgo y dificultan la salida del maltrato.
Promover políticas públicas inclusivas, garantizar el acceso a la justicia y ofrecer recursos adaptados a la realidad de cada mujer son pasos esenciales para erradicar esta triple vulnerabilidad.
Reconocer esta realidad es el primer paso para cambiarla. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de acoger, proteger y dar oportunidades a las mujeres que llegan a España buscando un futuro mejor.


