
Aporofobia, ser mujer y migrante: la triple vulnerabilidad frente a la violencia de género
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24 de noviembre de 2025Las mujeres que migran con su agresor no lo hacen por “masoquismo”. Lo hacen porque arrastran, como cadenas, dinámicas de dependencia, miedo, falta de recursos y aislamiento social.
Un porcentaje significativo de mujeres migra para reencontrarse o convivir con su pareja, pero al llegar al país de destino se encuentran con una rápida escalada de la violencia.
En el contexto del amor romántico, algunas mujeres emprenden junto a su maltratador la experiencia migratoria con la esperanza de que su pareja cambiará de conducta. Pero lo más frecuente es que la situación de maltrato se agrave.
Más dependencia, más vulnerabilidad
Muchas mujeres migrantes sufren violencia de género antes, durante y después del proceso migratorio. Cuando llegan al país de acogida, las barreras culturales, lingüísticas y legales pueden dejarlas en una situación de mayor vulnerabilidad, sobre todo en los casos en que su compañero de migración es el propio maltratador.
El control y el aislamiento impuestos por el agresor pueden incrementar la dependencia y dificultar el acceso de la víctima a servicios de protección, especialmente cuando la mujer no conoce el idioma o la legislación local.
La falta de redes de apoyo y el sometimiento económico y/o emocional del agresor, de quien en muchas ocasiones depende su situación legal, dificultan la ruptura de la relación y la denuncia de la violencia.
La manipulación, las amenazas, los sentimientos de culpa y vergüenza, y el miedo a la soledad o al futuro desconocido son motivos frecuentes por los que las víctimas permanecen con el maltratador.
Barreras que dificultan romper el ciclo de la violencia
Las mujeres que migran con su agresor enfrentan una serie de dificultades que las bloquean a la hora de cortar con la relación de maltrato:
- De acuerdo con algunos estudios, la normalización de la violencia psicológica y emocional es alta entre las migrantes, lo que dificulta reconocer las situaciones de abuso como tales.
- Factores como la falta de recursos económicos, la ausencia de familiares o grupos de apoyo y el temor a perder la custodia de los hijos e hijas o de ser deportadas actúan como barreras para buscar ayuda.
- El acceso limitado a información en el idioma propio y el desconocimiento de los recursos de protección en el país de acogida contribuyen a perpetuar la situación de violencia.
- La situación migratoria irregular o la dependencia de permisos de residencia ligados al agresor pueden impedir que la mujer busque protección, a pesar de que la ley protege por igual a las mujeres víctimas de violencia de género, con independencia de su situación administrativa
Proteger, no juzgar a las mujeres que migran con su agresor
A muchas personas les resulta difícil imaginar que alguien decida migrar con su agresor. Sin embargo, es fundamental comprender que las víctimas no eligen la violencia, sino que sobreviven dentro de un contexto de control, miedo y manipulación.
Migrar suele ser una decisión difícil, motivada por la esperanza de escapar de la pobreza, la violencia o la ausencia de oportunidades. Pero para muchas mujeres, la migración no se trata de una elección, sino de una imposición. En medio de dinámicas de control, el agresor decide cuándo, cómo y hacia dónde migrar, y obliga a la mujer a acompañarlo.
Así que la pregunta: “¿por qué ha migrado con su agresor?” carece de empatía y desconoce la complejidad de la violencia de género. La pregunta adecuada es: “¿cómo puedo ayudarla ahora?”
La violencia de género no entiende de fronteras. Y cuando las mujeres migran con su agresor, la vulnerabilidad aumenta de forma alarmante. Por eso, es urgente que todos —ciudadanía, instituciones y organizaciones— tomemos conciencia y actuemos para protegerlas.


