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8 de abril de 2026La lucha contra la violencia de género se sostiene no solo por los recursos del Estado, sino gracias a la valentía de las supervivientes y a una red de profesionales y aliadas que dedican su carrera a la prevención, atención y empoderamiento de las víctimas. Estas profesionales, desde diferentes ámbitos, marcan una diferencia fundamental.
Aquí se presentan tres historias y perfiles destacados de aliadas que han transformado, a través de sus propias vidas, el abordaje de la violencia machista:
Ana Bella: una vida que cambia vidas
Una noche, hace más de 20 años, la sevillana Ana Bella, según su propio relato, a pesar del miedo que sentía, cogió a sus 4 hijos e hijas, los subió a un coche, y huyo de “11 años de insultos, correazos, humillaciones, palizas y malos tratos”.
Gracias a los recursos del Instituto Andaluz de la Mujer, Ana pudo refugiarse en una casa de acogida con sus hijos e hijas durante 9 meses.
La sevillana comenzó a contar su historia en diferentes medios de comunicación y el impacto que tuvo su relato en cientos de mujeres la llevó a crear, en 2006, la Fundación Ana Bella.
La Fundación Ana Bella es una red de mujeres supervivientes que actúan como amigas o aliadas de las mujeres maltratadas, logrando hasta la fecha que 44.000 mujeres rompan el silencio en España, denuncien cuando se sientan preparadas para hacerlo y se empoderen con un trabajo digno, actuando a su vez como agentes de cambio ayudando a otras mujeres.
Incluso, la historia de Ana Bella ya ha llegado al cine. En octubre de 2025 se estrenó en la Seminci de Valladolid Bella, una película de animación que cuenta el relato personal, y a su vez, universal, del caso de violencia de género que sufrió la sevillana.
Como afirma Ana Bella, Emprendedora Social de Ashoka en 2010:
«En nuestro camino de empoderamiento dejamos de ser víctimas para convertirnos en mujeres victoriosas que actuamos como agentes de cambio social (…) Si hemos sido capaces de superar los malos tratos es porque somos mujeres fuertes y contamos con cualidades positivas que, si las enfocamos en el mundo laboral, hacen de nosotras trabajadoras eficaces y comprometidas con el desarrollo económico y social de las empresas. Si las enfocamos en nuestra transformación personal, nos convertimos en mujeres empoderadas líderes de nuestro futuro. Si las enfocamos en mejorar nuestro entorno somos agentes de cambio social”.
Antonia Ávalos: transformar el dolor en lucha
La mexicana Antonia Ávalos, para huir de la violencia de género tuvo que poner un océano de por medio. Con la ayuda de muchas otras mujeres aliadas, Antonia logró transformar su dolor en lucha política y social, y hoy es la presidenta de la Asociación Mujeres Supervivientes.
En 2007, Antonia llegó a Sevilla junto a su hija de 10 años, con muy poco dinero y una carta de aceptación al Doctorado en Estudios de Género en la Universidad de Sevilla. Era su forma de cambiar de vida y ponerse a salvo de su maltratador.
En pocos meses, Antonia pasó de ser profesora en la Universidad Autónoma de Aguascalientes a pedir ayuda a las puertas de las iglesias, vivir de okupa en una casa junto a mujeres prostituidas, limpiar pisos y cuidar a personas mayores.
Cinco años más tarde, en 2012, Antonia y otras mujeres aliadas fundaron la Asociación Mujeres Supervivientes. Mujeres Supervivientes está formada por un grupo de profesionales que, desde una perspectiva interseccional, ofrecen asesoría legal, apoyo emocional, gestión y acompañamiento y hasta comida (en la sede de la asociación funciona un comedor comunitario), a mujeres que sufren situaciones de violencia.
Como explica Antonia Ávalos en una entrevista a la revista Magis:
“Mujeres Supervivientes nació como un deseo de hablar por nosotras mismas. Era la respuesta natural a nuestras necesidades, a nuestros desasosiegos, a nuestros dolores. Es la respuesta a todo eso que estábamos viviendo. Y, claro, hemos ido evolucionando, pero la semilla es ésa: cómo hacemos para ser escuchadas, para llegar a este recurso, para llegar a esa posibilidad, para decir cosas que no nos gustan, que nos lastiman, que nos duelen, como la violencia estructural, pero también la violencia cuando vas a limpiar una casa o en las leyes de migración; la que viven las mujeres que no pueden denunciar porque no tienen documentos y, además, no tienes para comer”.
Leslie Morgan: la importancia de romper el silencio
Leslie Morgan, escritora, consultora y defensora de los derechos de las mujeres, que ha trabajado para medios como The Washington Post, rompe con uno de los estereotipos más recurrentes sobre la violencia de género: las mujeres que la sufren son débiles, no tienen autoestima y no son muy inteligentes.
Ella misma, graduada en Harvard, confiesa que cuando su marido le apuntaba a la cabeza con una pistola, siendo ella una mujer joven (se divorció con 27 años) no sabía que lo que le pasaba era violencia de género.
Según el relato de su historia, que cuenta en detalle en la novela Crazy Love (2009), lo que más le ayudó a identificar la situación de violencia que vivía fueron las preguntas de sus amistades, verdaderas aliadas que, al verla transformada -insegura y con mucho miedo- quisieron saber cómo se encontraba.
Por eso Leslie, a la que podemos ver en la Ted Talk ¿Por qué las víctimas de violencia de género no se van?, insiste tanto en la necesidad de hablar sobre el maltrato porque este “solo se desarrolla en silencio, solo crece cuando no hablamos de él”.
Como afirma la escritora en una entrevista a Efeminista:
“En nuestra sociedad estamos pagando un precio enorme por cerrar los ojos ante la violencia contra las mujeres y niñas, y a la violencia en las relaciones. Lo que todo el mundo puede hacer hoy es hablar de ello, hablar de que has leído esta entrevista de mí como superviviente, elevar el tema y hacer preguntas, tan simples como ‘¿has sido maltratada alguna vez?’ o ‘¿alguna vez alguien ha abusado de ti?’ o tener el coraje de preguntar ‘¿alguna vez has pegado a alguien?’. Son preguntas muy difíciles de hacer, pero hablando de ello nos hacemos muy fuertes porque dejamos fuera el silencio y la vergüenza. Es lo más sencillo de hacer y es algo que puede hacer todo el mundo, empezando por hoy”.
De víctima a superviviente y de superviviente a aliada
Partiendo de experiencias vitales muy diferentes, estas tres mujeres comparten algo en común: la de haberse rebelado, en su vida privada, contra la violencia que sufrían de sus parejas; y la de luchar contra el hecho de ser tratadas como “víctimas”, para convertirse en supervivientes.
Y como supervivientes, ser aliadas de otras mujeres para que encuentren el apoyo necesario y logren escapar, como ellas lo hicieron, de la violencia de género.


